Acciona Antártida: del sueño a la realidad

La mayor parte de la gente se pasa la vida soñando con hacer cosas que nunca hará o ir a sitios que nunca llegará a pisar ya que muy pocos son aquéllos que se atreven a dar el salto.

Pasar del sueño a la realidad no es fácil. Precisa de una gran dosis de imaginación, tesón, ilusión, esfuerzo y, sobre todo, sacrificio. Estos son los ingredientes que dan forma al equipo de Acciona Antártida, a quienes pude conocer hace unos días en un encuentro realizado en ElSite, en Madrid.

El sueño de este grupo de hombres era llegar al polo sur en un vehículo de propulsión limpia. Durante este encuentro tuve la suerte de hablar durante unos minutos con Ramón Larramendi quien me contaba que habitualmente, las expediciones a la Antártida precisan de una enorme logística, vehículos de apoyo, combustible… las expediciones se realizan, los experimentos científicos continuan, pero el daño colateral de todo esto es exponer al último territorio virgen del planeta a la contaminación que el hombre deja a su paso.

El equipo de Acciona Antártida diseñó un vehículo impulsado por cometas. Otras expediciones ya habían utilizado otras fuentes de energía renovables como la solar, pero en este caso, la novedad era el uso de la energía eólica.

Me contaba Larramendi que del dicho al hecho hubo un proceso largo, y en ese proceso el paso intermedio fue probar el vehículo en Groenlandia para mejorar cualquier tipo de fallo que pudiese encontrarse. Una vez en la Antártida, disciplina y una organización medida al milímetro ha permitido que esta aventura sea todo un éxito.

¿Qué espera una encontrar al conocer de cerca a personas capaces de hacer algo así? Lo que yo vi fue a un grupo de hombres apasionados por lo que hacen. El tipo de gente que ha terminado un viaje hace poco y ya está pensando en el siguiente.

Siempre quise saber cómo es, qué se siente al estar allí. Movida por la curiosidad, le pregunté a Juanma Viu, otro miembro del equipo, cómo era la Antártida. Me habló del silencio, de inmensas planicies blancas y de un aire tan limpio que cuando mirabas a lo lejos te hacía difícil medir las distancias. ¿Cómo no va a merecer la pena proteger ese territorio?

Muchos de nosotros hemos pensado en la Antártida como ese lugar lejano, casi irreal, al que algún día nos gustaría ir. Ver de cerca la última frontera y experimentar la inmensidad de su paisaje. Pero lo cierto es que la gran mayoría de nosotros jamás llegará a pisarlo. El sueño seguirá siendo sueño.  Pero gracias a equipos como el de Acciona Antártida parece un poco más cercano.

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