El síndrome de FITUR

Desde hace unos años por estas fechas, los profesionales del turismo y aquellos que simplemente aman viajar tienen una cita con el mayor encuentro del sector en España. Para mi ha sido la segunda visita. En esta ocasión he ido a ver, a pasear y, haciendo de la necesidad una virtud ya que no he podido acudir a ninguno de los encuentros organizados, me he movido sin agenda. Quizás por esto mis sensaciones son encontradas. Puede que no haya sabido sacarle todo el partido posible al evento y puede que también esta precariedad organizativa haya hecho que lo vea con un poco más de perspectiva.

¿Es esta feria algo más que un inmenso escaparate? ¿Qué ofrece la visita a los pabellones junto con un montón de folletos y algunas notas de folklore?

Poniéndolo mis impresiones en una balanza, debo decir que gana lo positivo. Me gusta FITUR, especialmente su espíritu: un montón de personas apasionadas por los viajes se reunen e intentan conocerse. Todos van a IFEMA esperando algo: encontrar a esos amigos de Twitter o Facebook a los que nunca han visto cara a cara; ampliar su red de networking; hacer negocios; informar… incluso los románticos que solo sueñan con viajar a sitios lejanos esperan salir de allí con alguna cosa, tangible o intangible.

Después de caminar durante un buen rato y de una agradable charla en el pabellón de Inglaterra, cuando volvía a casa en el metro cargada con mi bolsa de catálogos sobre Escandinavia, se me ocurrió pensar que ir a FITUR es el origen de una especie de afección que te hace desear hacer las maletas y salir a recorrer el mundo. Puedes ver lo mejor de cada sitio en unas pocas horas, hablar con personas de los cinco continentes o recolectar montones de folletos que te ayudarán a planificar esos viajes que deseas hacer. Pero sobre todo, puedes salir de allí sin recordar crisis, hipotecas, trabajos, obligaciones y pensar que realmente estás más cerca de conseguirlo… algún día, muy pronto, irás a todos esos sitios. Ese es para mi ese es el mejor efecto secundario del Síndrome de FITUR. Un poco de ilusión para endulzar el día a día.

Un pensamiento en “El síndrome de FITUR

  1. Lo que parece claro es que es un formato de feria que debe reinventarse, ofrece siempre lo mismo. Y con la crisis parece que había mucha menos alegría que otros años, tiempo al tiempo.

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