Islas

Segunda historia de mi viaje… las personas y las islas:

Östermalm

Son las cinco de la tarde de un nublado día de Julio en Estocolmo. Estoy paseando por Östermalm buscando el Historiska Museet y las calles están extrañamente vacías. ¿Aquí no hay como en Madrid tráfico, gente o coches de policia que pasan volando? Todo está ordenado, limpio y tranquilo. Tan ordenado y limpio como un decorado. Tan tranquilo que me gustaría tener compañía. ¿Qué me pasa? ¿Me siento sola o simplemente sufro un brote irracional de miedo?

Supongo que cuando te planteas viajar solo tienes una idea romántica en la cabeza de los sitios y gentes que vas a conocer y las experiencias que vas a vivir. En mi caso, en ningún momento pensé que pudiese echar de menos a los usuales compañeros de viaje. ¿Por qué iba a hacerlo si por regla general todos estamos tan inmersos en la rutina de nuestras vidas que dificilmente pasamos un minuto verdaderamente aislados aunque no tengamos compañía?

Kulturhuset

Kulturhuset

Algo que me pareció curioso es que yo pensaba que sería fácil entablar conversación con la gente, lo he hecho en otros sitios a los que he viajado. Y pese a lo mucho que me gustó Estocolmo y a la amabilidad de las personas con las que hablé, tengo que reconocer que en esta ciudad sentí que cada uno tenía su espacio y no sé si eso, por falta de costumbre, terminó de gustarme. ¿Eran prejuicios de viajera inexperta o es que no llegué a entender bien el carácter de los suecos?

Uno de los objetivos que me marqué cuando me planteé el viaje fue “dejarme llevar”. Mientras caminaba e improvisaba mi rumbo por las calles me pasé bastante tiempo preguntándome ¿cómo se hace eso de fluir? A veces me descubría a mi misma pensando que quería hacer algo que luego me daba pereza hacer o deseando estar en dos sitios opuestos al mismo tiempo. Al final, a falta de mejor compañía, terminaba discutiendo conmigo misma.

El Barco

Una de mis últimas mañanas en la ciudad me decidí a hacer un viaje en barco por la zona interior del Archipiélago que rodea Estocolmo. Me levanté temprano y fui andando hasta un muelle que estaba al otro lado de la ciudad dormida. Embarqué y tomé asiento a babor, en un banco al aire libre, rodeada de otros turistas silenciosos.

El mar, el aire puro, el monólogo de la guía y un vaso de té caliente en mis manos hicieron que comenzase a relajarme. A medida que pasaban los minutos ante mi iba viendo islas de todos los tamaños cubiertas de árboles, con pintorescas casitas asomando en la orilla. Todas las preguntas que me había ido haciendo en esos días se redujeron a dos: ¿Cómo sería vivir en esta postal idílica? ¿Se sentirían esos isleños aislados y sólos?

Casa del Archipiélago

Entonces me vino a la cabeza una cita de John Donne: “ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte de un conjunto”. Encontré así, sin buscarlas, respuestas a las preguntas que estaban detrás de este viaje: Comprendí que en verdad nunca había estado ni estaría más sola de lo que yo misma me sintiese. Descubrí que para llegar a ese estado en el que uno fluye y se deja llevar había tenido que hacerlo, literalmente, a bordo de un barco.

Mirando las islas pasar había encontrado algo parecido a la calma. En sueco hay una palabra que define esto: sinnesfrid. Peace of mind.

Isla

¿Has hecho algún viaje en solitario? ¿Cómo fue tu experiencia?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s