Mientras voy y vengo

Metro EmiliaRollanTodos los días paso mucho tiempo en el metro. Lo que en su día comenzó siendo una pesadilla es hoy un paréntesis entre dos mundos: el de mi casa y el del trabajo. Mientras voy y vengo suele ser el momento en el que me evado escuchando música o twiteando y cuando se me ocurren las mejores ideas.

Al principio de venir a vivir a Madrid me agobiaba el metro. El viaje es largo y el vagón solía estar lleno de gente que te empuja y que a veces huele mal. Para mi, que estaba acostumbrada a ir a casi todas partes andando, pasarme encerrada una hora de ida y otra de vuelta era el sinónimo del infierno. No comprendía por qué todos corrían y por qué todas las caras, daba igual la raza de la persona, me parecía que tenían un tono amarillento, como de personaje de los Simpsom, con un gesto de resignada frustración permanentemente.

Hoy sin embargo y pese a que me sigo quejando, el viaje en metro me parece distinto. Ya comprendo la frustración y las prisas y posiblemente mi cara sea también amarilla. La diferencia es que el viaje se ha convertido en una sesión doble de cine: durante un rato eres espectador y te metes por un momento en las vidas de los demás, encuentras personajes pintorescos y casi todos los días sucede algo curioso.

No sé por dónde se moveran los coolhunters en Madrid, pero yo les recomendaría darse una vuelta por el metro en hora punta. Puedes ver de todo. Hoy frente a mi se sentaban un africano que llevaba la camiseta de la selección española, una china tatuada, unos hermanos rusos y la novia sudamericana de uno de ellos. Mientras Lenny Krawitz me susurraba al oído “Believe in me”, me dediqué a observar cómo los novios se metían mano y luego hacían rabiar al otro hermano tirándole de una oreja cuando éste intentaba hablar por el móvil. Al mirarlos los imaginé como cachorros juguetones, como la versión humana y con las hormonas revueltas de Simba en el Rey León.

Mi viaje de hoy se terminó. La música sigue sonando en mis cascos poniendo banda sonora a lo que veo. Me dirijo a la salida por el laberinto de pasillos y salgo a una plaza llena de gente. Es media tarde, fin de semana y hace buen tiempo. Momento de dejar de ser espectadora.

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